Esfuerzo o resultado. ¿Qué premiamos?

Nuestra visión como educadoras sobre el aprendizaje

Como educadores y educadoras hemos de entender que el proceso de aprendizaje del alumno/a es mucho más que una calificación numérica.

¿Creemos que la recompensa es necesaria siempre después de una buena conducta? Muy probablemente no, porque si acostumbramos al niño o niña a recibir un premio por cada cosa que hace bien, estamos creando una dependencia de esta supervisión, limitando así su trayectoria personal y haciendo que disminuya su autonomía y seguridad en posteriores actividades.

Con esto no queremos decir que no se hagan elogios a nuestros alumnos/as o hijos/as, sino que tenemos que intentar buscar aquellas actitudes y conductas que contribuyan a su maduración. Como (en la mayoría de casos) lo que queremos es potenciar la implicación del alumno en la actividad que está realizando, es muy importante que sienta que damos importancia a su esfuerzo para realizarla de la mejor manera que sabe. Es por esta razón que no sólo hace falta premiar el buen resultado, sino que es mucho más útil hacerlo también del progreso que ha realizado para llegar al objetivo final. De este modo, él o ella aprenderá que frente a un reto siempre es mejor que lo intente, en vez de abandonar antes de probarlo.

imagenespremiosescolares6Y aunque es importante premiar el proceso, no hemos de caer en el error de premiar por premiar. Es decir, es importante pensar previamente cuáles son las actitudes, conductas y estrategias que queremos reforzar para elogiar de manera sistemática. A partir de la consistencia y la regularidad de nuestra respuesta, contribuiremos notablemente a aumentarlas y mantenerlas en el tiempo, puesto que el niño o niña las acabará interiorizando.

Un modo de llevarlo a cabo es dando énfasis a las estrategias que ha utilizado de manera individual. Verbalicemos aquello que le ha hecho acercarse al objetivo final. De este modo, podrá aprender que es lo que ha hecho bien para repetirlo en otras ocasiones y aumentará su razonamiento. Otro aspecto a tener en cuenta es la perseverancia para encontrar la solución correcta. En este caso estaremos potenciando que sea él mismo el que busque qué sabe hacer y que innove para llegar a lo que se le pide. Por esto, es necesario dar tiempo para el trabajo individual, dejando que ellos piensen y razonen la respuesta a partir del conocimiento que ya tienen consolidado. No sirve de nada que queramos hacer la actividad por él o ella limitando a que observe y copie posteriormente.

Con estas conductas conseguiremos que nuestro alumno/a o hijo/a tenga presente cuál ha sido su progreso. Facilitemos que esté satisfecho de su esfuerzo para ir logrando los retos que le plantee la vida o la escuela y vamos dejando atrás la comparación con otros compañeros y compañeras.

Se ha demostrado que una vez asociada la dificultad, no como una limitación, sino como un reto y una oportunidad de desarrollar las habilidades, aumenta el compromiso por parte del niño/a de la actividad en cuestión, ja sea de carácter académico, personal o social. Esta actitud favorece notablemente el proceso de aprendizaje de la persona focalizando el esfuerzo de adquisición de nuevos conceptos y hábitos como algo útil tanto para la vida diaria como para más adelante. Además, se da un valor positivo del tiempo dedicado sea cual sea el estudio o actividad en cuestión. Y, tal como indica la psicóloga pionera en búsqueda de motivación, Carol Dweck, cuando se da más importancia al proceso, se crean niños y niñas más fuertes y resistentes.

¿Entonces, a que le darás valor la próxima vez?

Artículo basado en la conferencia TED de Carol Dweck: The power of believing that you can improve.

Carla López y Mireia Agustí

Educadoras

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