¿QUÉ LE PASA POR LA CABEZA?

Métodos «alternativos» para favorecer la comunicación con nuestros hijos.

En un post anterior hablaba de empatía como base de la comunicación (¡ayuda tanto con nuestros hijos como con el resto del mundo!). Pero incluso siendo el padre o la madre más empáticos de la Tierra, a veces no conseguimos que nuestros hijos nos expliquen lo que parece estar preocupándolos. O, simplemente, nos ha tocado un hijo parco en palabras.

Lo que propongo hoy son métodos «alternativos» de comunicación con nuestros hijos. Hay que salir de la clásica «charla» de tú a tú, con preguntas cerradas o que se pueden responder con monosílabos. ¡La imaginación al poder!

– Juego: con niños más pequeños, un role-playing con muñecos (esto es jerga psicológica, no me hagáis mucho caso…). Representemos una escena cotidiana con muñecos. Es más fácil que expliquen las vivencias a través del juego (y si no su vivencia, ¡lo que le gustaría que sucediera!). Con chavales más grandes, en cambio, promovamos un rato de juego con ellos. El juego hace que se relajen y se muestren más proclives a hablar; así pues, estamos favoreciendo una situación en la que puedan tener más ganas de comunicarse abiertamente con nosotros. Por ejemplo, sabemos que hay un problema en la escuela y queremos sacar el tema. ¡Aprovechemos un rato de juego!

– Cuentos: los cuentos cuentan historias, y en las historias podemos ver reflejadas situaciones de nuestras vidas. No importa si se trata de cuentos escritos (o argumentos de películas) o inventados por nosotros (si lo hacemos, que las situaciones o personajes no sean exactamente iguales a los que nos referimos. ¡Lo captan al vuelo!). Ahora bien, si queremos comunicar una noticia importante, no lo hagamos sólo con un cuento. Usamos la historia como primera aproximación, tanteando el terreno, pero aclaramos y comunicamos claramente lo que queremos decir en una segunda charla con ellos.

– Ejemplos de otros. El clásico: «yo tengo un amigo que …«. Comunicar algo de manera indirecta quita presión e intensidad al mensaje. Y también ayuda a verse reflejado y a proponer soluciones sin que nuestros hijos crean que les estamos «mandando». Por ejemplo, nuestra hija vuelve a casa triste: en el recreo la han dejado de lado «porque es la única que no tiene móvil». Estará enfadada con nosotros, dolida con las amigas, y no querrá escuchar ningún consejo por nuestra parte. En cambio, quizás sí que escuchará lo que hizo «el hijo de una compañera de trabajo, que decidió que no quería enfadarse más ni con los amigos ni con los padres, y optó por tomarse a broma las críticas los amigos y seguir jugando con ellos, pero acordando con los padres cuando sería la edad justa para pedir un móvil propio». De nuevo, alerta: ¡no quiere decir que se le pase el enfado en la primera! Pero sentirá un mensaje más cercano a ella que si es «el consejo de un adulto».

Mom walks with her daughter - A. Petukhov (2012)

Mom walks with her daughter – A. Petukhov (2012)

– Comunicación escrita. ¿Quién no recuerda la emoción de recibir una carta o una postal? Nuestros hijos viven en la era digital y los e-mails no tienen el mismo encanto, pero para los chicos más mayores, tener un e-mail propio es un gran símbolo de crecimiento. En ocasiones especiales (o problemáticas a las que queremos dar un significado relevante), una comunicación por escrito marca la diferencia. Y tiene la ventaja de que nos hemos tenido que pensar las palabras, así que somos mucho más precisos sobre lo que queremos transmitir.

Todos estos métodos «alternativos» no son simples ideas teóricas; yo misma las he puesto en práctica en terapias o intervenciones. Y funcionan, ¡de verdad!

Una aclaración: escribo «alternativos» entre comillas porque no son innovadores, ¡ni mucho menos! Lo que sí hacen es obligarnos a salir de nuestro estilo comunicativo habitual.

Un aspecto importantísimo que va de la mano a todas estas estrategias comunicativas «innovadoras»: el TIEMPO. Imaginemos que hemos planeado un momento idílico de juego, nos hemos preparado la mejor historia o el mejor ejemplo para hablar de ese tema que nos preocupa (la apatía en la escuela, los celos hacia el hermano pequeño, el amigo gamberro …). Y el niño/a se cierra en banda y no quiere decir nada. Keep calm, no perdamos los nervios. Ofrecemos la oportunidad: «veo que ahora no tienes muchas ganas de hablar de este tema, pero creo que es importante y quizás hablando encuentras una solución / ves las cosas de otra manera / te sientes mejor…» Que quede claro que cuando él o ella quieran, les escucharemos, y lo que nos digan será importante para nosotros.

Espero que estas estrategias os resulten útiles. Si tenéis cualquier comentario, cuestión o puntualización, no dudéis en escribirme. ¡Hasta el próximo post!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *